Criaturas, también Mi Iglesia ha atravesado siempre, en todas las épocas, dificultades creadas por sus ministros.
En todos los tiempos hubo “consagrados” santos y hombres consagrados sólo de nombre que, en lugar de sentirme y escuchar Mi voz, sintieron las voces de sus sentimientos humanos.
Si se equivoca la Iglesia cuando, según el hombre creyente, o no, conmueve la fantasía y la opinión del hombre mismo, creyente, o no, ya que la Iglesia debería estar formada por “consagrados” espiritualizados, por encima del hombre común, despegados de todo interés y materialismo.
No siempre es fácil, nunca ha sido posible.
De ese modo surgen dudas, y por un “consagrado” Mío que no actúa con perfección, en muchas almas nace la duda aun acerca de Mi existencia.
Sin embargo, recordad que la Iglesia está formada por hombres en la tierra y los hombres tienen defectos humanos tales como el egoísmo, el interés, el miedo, y muchos otros defectos innatos en el hombre que pueden hacerlo errar aun fuera de su voluntad.
Yo en verdad os digo: oíd sus palabras, haced vuestros sus consejos, asistid a sus ceremonias y, si os surge duda acerca de su comportamiento, rogadme a Mí que los ayude.
No veo correcto el hecho de escribir y escribir en los periódicos cosas que crean aún mayores fracturas y dudas.
Mi Iglesia debería estar fuera de la crónica banal.
Mi “Vicario” lucha y combate contra fuerzas más grandes y potentes que su voluntad, habiendo recibido una herencia difícil y viviendo en una época en que Iglesia y política marchan erróneamente en el mismo bando.
No siempre se puede distinguir hasta qué punto llegue Mi palabra y hasta qué punto se pueda usarla por boca de gente que hace de ella un escudo para entrar y penetrar en Mi Iglesia y en Mis almas para alejarlas de la Iglesia y de la espiritualidad.
Por consiguiente, Mis criaturas, rogad a Nosotros, la Trinidad, por ellos, por Mis “consagrados”, para que sus defectos humanos no ahoguen sus valores.
Escribir cosas acerca de la Iglesia no está bien jamás. Siempre se llega a introducir dudas en los corazones y a hacer juzgar.
¡Jamás juzgar!
Solamente orar. ¡En verdad Yo os digo que para Mi Casa quiero respeto!
Los que habéis leído y conocéis el “mensaje de Fátima” no tenéis ni siquiera el motivo para hacer estas preguntas.
7 de Abril de 1973