Criaturas de la tierra que creéis en Mí, en vuestro Creador y en el Espíritu Santo que da vida a los mundos, y criaturas que Me rechazáis y criaturas que no Me buscáis, y criaturas que no Me habéis podido ni buscar ni conocer, Yo os amo a todos.
A todos quisiera dar y dar, por todos he sufrido, por quien, amándome, hubiese sufrido en la tierra, y por quien, no amándome, sufrirá después de la tierra.
Y tú, pequeña criatura que escribes Mis palabras, palabras que pasan de Mí a ti como a través de un rayo de sol que va a iluminar una pequeña planta, y esta planta, con el sol se hace grande, grande aprovechando aquel calor, como te beneficias tú de esta Mi Luz–rayo de sol llegar a ser una voz cada vez más potente para los espíritus que tienen y tendrán deseo de saber de Mí, de conocerme, de amarme.
A ti te envío el dolor físico, en los días de Mi Pasión.
Para ti. por cuidadosa gracia, he elegido el dolor del espíritu, que de tal manera te ha espiritualizado hasta el punto de hacerte ver la Verdad, aunque solamente como a través de un vidrio algo empañado. Yo existo, Yo existí como hombre, existo como DIOS en la Trinidad, existo como puro espíritu que vivifica a los mundos.
Los mundos y los sentimientos de las criaturas llevan Mi espíritu y la chispa Divina, que Yo di al primer mundo y al primer hombre.
Y el mundo–tierra, convulsionado, tendrá miles de voces que hablarán por Mí.
Para vosotros uno y tres, tres y uno, y tres como uno y uno como dos y como tres.
¡El misterio de la Trinidad! En el hombre existe esta Trinidad.
El hombre es el ser a quien todo le ha sido dado.
En los días de Mi sufrimiento humano, cuando Yo, DIOS–Hombre, lo revivo, lo sienten y lo viven Conmigo Mis más queridos, los más cercanos a Mí.
Algunos en el espíritu, otros con el dolor de la materia–cuerpo. ¡Recuerdo aquella temporal! Tembló la tierra y todo fue oscuridad.
Los hombres de la tierra habían Crucificado al Hombre–DIOS. El camino de la Cruz. Recuerdo el peso de esa cruz, y el momento más humano de toda Mi humanidad fue cuando Me dirigí a Mi Padre diciéndole:
“Padre, ¿por qué me has abandonado?”
Fue solamente un instante, pero sirve para demostraros que también yo tuve un momento de desconcierto.
Por ese instante de abatimiento es por lo que perdono los extravíos humanos.
Por eso comprendo la rebeldía en el dolor. Si Yo, el Hombre–DIOS, tuve esa debilidad de hombre, fue para que después pudiera otorgar el perdón a los hombres por sus debilidades.
Yo soy el amor, y soy la comprensión y soy la Misericordia,
15 de Abril de 1973