Y vendrá un hombre llamado JESÚS, será el Redentor; no todos lo querrán reconocer, será ofendido, será martirizado, será crucificado… Aquel hombre era Yo, he venido para todos y he venido para ti.
Por ti Me he manifestado para darte la Esperanza.
Nunca más debes estar insegura, ni creer que no sea Yo quien te habla. ¿Por qué no lo debería hacer si soy Amor?
Ya que Yo conozco a cada hombre que pasó por la tierra, a cada uno de los que están pasando y a todos los que pasarán, ¿No debería tener el modo de dar a cada uno este Mi amor?
A quien he dado el dolor quiero dar la recompensa, y muchas veces, aquí en la tierra, una recompensa hecha de palabra, de aliento y de afecto.
Tú no Me conocías, ahora Me conoces y comienzas a amarme.
Yo no pretendo el Amor para Mí; Yo quiero de mis criaturas el amor hacia las otras criaturas y este Amor llega hasta Mí.
Quien Me conozca como tú comienzas a conocerme podrá amar, y después amar a su prójimo.
Esto es lo que Mi Padre quiere de los hombres ¡y no es fácil!
¡Con pocas palabras se llega al todo!
Con frecuencia, al sacrificio de una vida en la tierra que, por amor a su DIOS y a su prójimo, prefiriendo al prójimo a sí mismo, renuncia a muchas cosas de la tierra, tendrá mucho en el Cielo.
Cada lágrima, cada renuncia, cada sacrificio serán restituidos en la Gloria. ¡Nada olvido!
La vida humana sobre la tierra no tiene importancia sino para obrar el bien. Mi voz se hace oír siempre a aquel que obra el bien, aún si no Me conoce; Yo espero para hacerme conocer y para hacerme amar. El tiempo existe sólo en la tierra, ¡el tiempo dado por Mí a cada uno para su prueba! ¡es el tiempo para que cada uno pueda hacer alguna cosa que Yo pueda elevar hasta Mí! ¡Breve tiempo terreno! Os doy el tiempo para madurar vuestro espíritu, no ya para que podáis gozar de las comodidades terrenas, no para hacer de la tierra un reino.
Estas Mis palabras, que podrán asombrar al ser racional, ¡no asombrarán a quien vea la Vida más allá de la vida! Tú [1] tienes ya alguna visión de la Vida más allá de la vida y por ello te he preparado, gota a gota, pequeñas revelaciones y después te he comenzado a abrir un poco Mi Cielo, donde tienes la parte más viva de ti: Armando[2]. ¿Cómo podría hablarte otro que no fuere tu DIOS, de un Cielo que existe sólo por SU mérito? Debes estar segura, no temas y no escuches al dubitativo, al racionalista, al materialista.
La eternidad no está hecha de materia sino de espíritu, y tú has penetrado en esta eternidad, por Mi Gracia.
17 de Febrero de 1973
[1] N.T: Aquí el mensaje se dirige particularmente al alma receptora. Ver arriba la Advertencia y la Introducción.
[2] Cfr Nota al Nº 33[372] N.T. La palabra de un vidente se aceptará por parte de los demás libremente y con “fe humana”. Por el contrario la persona a la que el Señor hace sus confidencias, cree directamente a Dios con una fe superior que obliga su conciencia a aceptarlo como objeto de fe.