¡En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!
Con esta Cruz va adelante el Cristiano.
¡Con el recuerdo de la Cruz el hombre acepta su prueba!
¿A quién doy la Cruz para traerla hasta Mí?
¡A los más queridos, puesto que he visto dentro de sus corazones!
Y en sus corazones he encontrado el amor. Este amor lo he hecho Mío en ellos, y a ellos he dado más que a otros.
He dado a los más amados la prueba, o sea, el camino adecuado para llegar hasta Nosotros.
Esta Cruz amadla y recordad cada vez que os hagáis la señal de Mi Cruz, Mi último suspiro en aquel Madero.
Así aprenderéis a conocerme todavía mejor y, conociendo, Me amaréis.
¡Y no tendréis dentro de vosotros la rebeldía ni la protesta, porque sabréis!
¡Sabréis que la carga que os doy es por amor, sabréis que os será cambiada por esa inmensa alegría prometida, que no se puede describir mientras estáis en la tierra!
¡Demasiado grande para la mente terrena! ¡Demasiado luminosa!
Tú, Mi ovejita, rosa blanca de Myriam, tú te preguntas muchas veces el por qué de esta Gracia, te la he regalado porque no podía ver un dolor tan grande y no podía llamarte Conmigo todavía para evitártelo, de ese modo te he dado en la tierra, por voluntad de Mi Padre y del Espíritu de Amor, un poquito de Cielo para tu esperanza.
Mi Excelsa y Dulcísima Madre ha intercedido ante Ellos para dar una alegría a tu hijo, que no podía gozar de su infinita Gloria si tú y L. no teníais ya esperanza!
He aquí la vía que ha llegado así a lo alto: tu dolor, tu hijo, Myriam dulcísima y Nosotros Trinidad.
Yo puedo hacer y dar todo. ¡Yo soy el milagro! Y a ti te he dado algo que he dado a poquísimos, a través de todos los tiempos.
Observa el Cielo en una noche estrellada, en medio de tantas estrellas luminosas, mira una sola de las iluminadas por Nosotros, aquella pequeña estrella es como tu espíritu, tú eres esa estrellita, con el corazón de mamá que ha sabido llegar, con fortaleza, la Fe escondida, la confianza, aun cuando rebelde, hasta el corazón Mío.
Ese corazón humano que late a la par del de todas Sus criaturas dolientes.
La voluntad de Mis criaturas Me sirve para poderlas ayudar.
Y a las criaturas muy golpeadas les doy siempre una recompensa ya en la tierra.
A ti y a L., unido a ti, en cuerpo y espíritu, he dado mucho.
Dad de ello gracias a todos Nosotros del Cielo.
En verdad os digo que sois criaturas más amadas desde el Cielo que desde la tierra, es esto un privilegio, ya que teniendo en el Cielo a quien más os ama, siempre ayudará a vuestro espíritu y lo enaltecerá.
Es mejor sentirse solos en la tierra, pero unidos a seres ya del Cielo.
De los seres del Cielo llega el auxilio para el espíritu, de los de la tierra viene ayuda de cosas para la tierra destinadas a pasar.
Como el agua del río pasan las cosas de la tierra en su tiempo que no se detiene, que no retorna.
Como la Luz eterna permanecen las cosas del espíritu.
Yo soy Luz, e inundo la tierra de Mi Luz.
Por ello estoy en toda criatura, estoy en el aire, en el viento y en el cielo estrellado, estoy en toda belleza, soy vuestro aliento, soy vuestro pan, soy vuestras plegarias.
3 de Junio de 1973